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  • Foto del escritorAlan Ramírez Flores, CEO de Coperva

Dimensiones de la resiliencia


Para salir más fortalecidos de la contingencia sanitaria del Covid-19, la industria del transporte impone un modelo de resiliencia integral que cubre seis dimensiones: finanzas, operaciones, tecnología, organización, reputación y modelo de negocios.


Financieramente las compañías buscan equilibrar sus aspiraciones financieras de corto y largo plazo. Una posición de capital sólida y la disponibilidad de liquidez posibilitan superar caídas aceleradas de los ingresos, mayores costos y dificultades crediticias. La mayoría de las empresas necesitan protegerse contra el deterioro de los mercados y el acceso reducido al capital y al financiamiento, la disminución de los ingresos por intereses y las pérdidas crediticias.


En operaciones, por otra parte, los transportistas optan por una capacidad de producción robusta que pueda responder a cambios en la demanda o a mantenerse estable en el marco de las disrupciones operacionales, sin afectar la calidad. También optan por fortalecer sus cadenas de suministro y mecanismos de distribución para sostener la capacidad operacional y la provisión de bienes y servicios a los clientes.


Desde la perspectiva tecnológica, para ser resilientes, el sector transportista invierte en infraestructura robusta, segura y flexible para reaccionar a amenazas cibernéticas y prevenir fallas tecnológicas. Para lograrlo, mantiene y utiliza datos de calidad, respeta la privacidad y evita los sesgos, en cumplimiento de todos los requerimientos regulatorios aplicables. Además, implementan proyectos de TI para acompañar las necesidades de los clientes, exigencias competitivas y requisitos regulatorios. Si algo saliera mal, estas empresas cuentan con buenas capacidades de continuidad del negocio y recuperación ante desastres, que evitan interrupciones del servicio para los clientes y las operaciones internas.


Organizacionalmente, los transportistas promueven una fuerza laboral diversa en la que todos se sienten incluidos y pueden rendir al máximo de su potencial. Para ello, reclutan a los mejores talentos, los desarrollan en forma igualitaria, capacitan o recalifican a sus recursos con rapidez y flexibilidad e implementan procesos de personal rigurosos y libres de desviaciones, con planes de sucesión robustos a lo largo de la organización.


En cuento a la reputación, los transportistas resilientes alinean los valores con las acciones y las palabras. Una amplia variedad de stakeholders (empleados, clientes, reguladores, inversores) pretenden que las empresas rindan cuentas por sus actos de una variedad de maneras, incluidas su promesa de marca y la postura relativa a las cuestiones ambientales, sociales y de gobierno (ESG).


La resiliencia en cuanto al modelo de negocios, implica adaptarse a cambios significativos en la demanda, avances tecnológicos y escenario competitivo y regulatorio. Esto es, mantener un portafolio de innovación y valorar el espíritu emprendedor.


Las tres maneras de incrementar la resiliencia en el sector del transporte son:


“Add-on” o reservas de insumos, generadores de emergencia, servidores de respaldo y sistemas redundantes pertenecen a esta categoría.


“Trade-off”. Esta categoría incluye reservas de capital, inventarios de bienes y centros de atención con personal adicional. Todas estas medidas se consideran concesiones o “trade-offs” explícitos entre resiliencia y otros factores, como ganancias o productividad.


“Bake-in”. Se trata de la convergencia entre lo mejor para la resiliencia y lo más positivo para el resto de los objetivos del negocio.


Las compañías que conocen el grado de resiliencia que requerirán de cara al futuro pueden implementar los cambios adecuados. Y el transporte es un sector que se posiciona como el que impulsa una resiliencia más integral.


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